Algo en lo que todo científico o proyecto de científico
debe reflexionar es en el papel social de su investigación. En mi caso, dado
que hago la tesis sobre la búsqueda de terapias antimicrobianas alternativas al
uso de antibióticos, está claro que busco mejorar la calidad de vida de las personas y solucionar un problema de salud pública.
Otro capítulo
de mi tesis es la búsqueda de nuevas dianas terapéuticas, es decir, puntos
débiles en la bacteria que puedan ser atacados o debilitados, por ejemplo,
atacando a una proteína esencial para su supervivencia o su virulencia. Esta
parte es una ciencia más básica, sin embargo, la ciencia básica también tiene
un papel social ya que genera conocimientos nuevos que no tienen por qué ser
mejoras o soluciones a problemas, pero ayudan a entender mejor algo
que era desconocido y que así la ciencia pueda seguir avanzando.
Siguiendo con el
ejemplo de mi tesis, también estoy buscando que esas terapias alternativas al
uso de antibióticos sean de origen natural, sin pasos de síntesis química,
directamente extraídos de vegetales tan comunes como las cebollas (no hay que
talar un bosque), lo cual reduce costes, tiempo (mejora económica) y está más
aceptado socialmente. Además, la ciencia de hoy en día también busca mejorar la calidad del
medioambiente, desarrollando
nuevas tecnologías menos contaminantes, que sustituyan los combustibles fósiles
por energía limpias.
El papel social de la ciencia es más que evidente pero no basta
con la voluntad de los científicos, las instituciones deben ayudar a la ciencia
con unas buenas decisiones políticas que favorezcan que sea un motor de desarrollo.

En los temas de salud parece evidente el valor social de la investigación, es verdad. Interesante que para que ese valor social se produzca realmente no solo hace falta ciencia, sino política, economía,...
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